Olvidarlo no fue dificil. Tampoco lo fue, recomenzar, calmar las angustias, respirar aire puro después de estar contaminada.
Pero los meses, los días no consiguen llevarse el resentimiento.
El resentimiento siempre esta ahí, escondido, agazapado en algún rincón de mi cuerpo, listo para salir galopante, enfurecido y gigantesco cuando menos lo necesito.
Quiero ser mejor persona, quiero poder perdonar. Quiero ser feliz.
Quiero estar sola.
Quiero ser feliz.
Hubo una guitarra que dejo muchos acordes amargos. Tantos que ya ni los puedo enumerar, y si me detengo a pensar en alguno en particular hiervo en rabia y tristeza. Hiervo en odio hacia mi misma y me grito por dentro desaforadamente: COMO DEJASTE QUE ESTO LLEGARA TAN LEJOS?? POR QUE TE HICISTE ESTO?
No se. No le encuentro una explicación.
Pero las heridas no sanaron y lo veo todos los días. Tengo miedo. Me aterra dejar entrar a alguien mas. Dejarlo entrar. Otro guitarrista, obvio.
Y esquivo. A eso me dedico ahora. Esquivo un comentario dulce. Una invitación. Esquivo cualquier cosa que no tenga que ver con arrancarse la ropa con los dientes, y la piel con la yema de los dedos.
Por que estoy asustada.
Por que mis heridas no cierran.
Por que hubo una guitarra que me enrosco con sus cuerdas. Me estrangulo. Me mato.
Por que tengo miedo, y el resentimiento no se va.
No hay comentarios:
Publicar un comentario