Olfateo y olió a desinfectante. Olió limpieza. El aire tenia un sabor inconfundible a caos. Caos silencioso.
Enfoco los ojos y su atención se poso en cartelitos que hablaban de la importancia del uso de alcohol en gel y como prevenir el cancer de mamas. Pero no fue hasta que vio la aguja que le invadía una vena de el brazo derecho, que se dio cuenta de donde estaba y que había pasado.
Cerro los ojos. Cerro los ojos y dejo que el miedo, el pavor invadieran su cuerpo por completo. Entendió todo. Se había pasado y ahora sufriría las consecuencias.
Corría enero del 2012. Carrie volvía de unas vacaciones excepcionales que había compartido con todos sus amigos. Al llegar de viaje, la esperaba su guitarrista numero 2 listo para seguir con la seguidilla de citas cuasi perfectas que habían empezado en Noviembre. Había pasado 15 días de abstinencia total. No había vomitado ni una sola vez pero eso no importaba. Durante 15 días Carrie no se había metido nada en la nariz. Ni siquiera se había armado un porro. Nada.
Lleno su cuerpo de alcohol y cornalitos fritos, pero mas allá de eso su cuerpo estaba limpio. Depurado. Balanceado.
Volvió creyendo que todo estaba bien. Volvió mas ciega aun. Volvió habiendo metido todos sus problemas y trastornos y sus mentiras en un cajón al cual le había echado llave..
Hasta que (siempre hay un hasta que) un día ese cajón exploto. Esta cronista no recuerda como. (Ya hablamos de la bitácora-cuaderno destruido)
No recuerda por que ni de que modo. No se si El llamo o escribió. No se que dijo y no se por que dolio tanto, pero se que dolió mas que nunca. Y hoy, hoy volcando todo, hoy escribiendo es increíble que no lo recuerde. Es increíble lo que hace la mente humana.
Dolió mas que nunca, dolió tanto que quise desaparecer, quise ser millones de volutas de polvo olvidadas en el aire de verano. Y sin embargo, no me acuerdo por que.
Carrie corto el teléfono, o lo estallo contra la pared. Dio vuelta su cuarto en un minuto y medio. No había nada. No había ni un puto cigarrillo. Hacia dias había tirado todo, todas y cada una de las pastillas que había logrado recolectar. Agarro el teléfono de linea y llamo a Ricky.
{El primer dia que vi a Ricky estaba muerta de miedo. Me pone nerviosa estar sola con hombres grandes que no conozco así que me sentía incomoda en demasía. Con el tiempo se me fue la sensación, tal vez por que cada vez que nos veíamos yo estaba demasiado desesperada por tener merca en las manos y me olvidaba del miedo. Un día entre a su auto y me elogio terriblemente los zapatos. Unos Pepe Cantero de la temporada 2011. La verdad es que eran increíbles. Riendo le comente que antes compraba muchos zapatos pero que ahora prefería gastar la plata en "otra cosa". Jocosamente como si no hubiésemos estado discutiendo lo seria que se había vuelto mi adicción, me dijo "ahora yo soy tu Ricky Sarkany flaquita". Desde ese día lo llame Ricky.}
Quedaron en encontrarse a la media hora en la plaza y cuando corto el teléfono Carrie sintió que se le estaba por salir el corazón del pecho. Era todo un mal trip esquizofrénico. No sabia como pero lo sentía, sentía dolor. Se dio la cabeza contra la pared una o dos veces. Dolió y encima no calmo nada. Fue entonces cuando Carrie agarro el cúter que tenia guardado entre el colchón y el sommier. Se corto las piernas por que hacia mucho calor y no quería salir a la calle de mangas largas.
La piel se quebró y se abrió. La sangre salió desesperada, como gritando. Como gritando que a ella también le dolía, ella también lo sentía!
Llego a la plaza y emocionada vio el gol blanco estacionado de culata frente a la municipalidad. Había llorado todo el viaje y tenia los ojos hechos pelota, pero sonreía.
Entro y Ricky la miro. "Flaquita! Estas hecha mierda!!" Carrie no quería cruzar ni dos palabras. Saco la plata de la billetera, demasiada plata. Demasiada droga.
No hablo, no dijo gracias ni chau. Salió del auto y se prendió un pucho. Le dolían las piernas y se le hacia agua la boca. Le retumbaba el cerebro, no le paraba de hablar la cabeza. Lo veía a El en todos lados y su propio reflejo en las vidrieras la desesperaba. Decidió ir a la estación de trenes. Estaba oscureciendo y le encantaba la soledad de la estación, raramente interrumpida por un alma fisura que no molestaba ya que buscaba la misma tranquilidad solitaria.
Llego, se sentó, respiro profundo y de nuevo, empezó a llorar...
(To be continued, if my lack of sleep allows it)
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